La presencia de los jóvenes en los encuetros de escritores siempre fue una inquietud: por dónde andaban, que querían decir, cómo lo hacían....
La falta de un espacio para el debate en los encuentros también nos inquietaba. Queríamos charlar sobre literatura, poner pausa a la pasarela de lectores y lecturas (necesaria pero agotadora) y sentarnos a pensar un poco en nuestro quehacer, en nuestro mensaje (si es que había un "nuestro mensaje") y sobre todo, poder reflexionar sobre una cuestion clave: nuestro discurso.
Los grandes acontecimientos de nuestra historia reciente (terribles pero importantes) son para nosotros un discurso inevitablemente heredado: El Proceso, Malvinas, los desaparecidos... En este sentido somos hijos de la democracia: nacidos durante la dictadura pero "nacidos" en democracia. Somos hijos del corralito, de la devaluación, de los cacerolazos (ahora recien sumadita, la crisis agraria).
Para bien o para mal somos una nueva generacion, con nuevos discursos para hacer eco, con otras inquietudes, con otros estilos. Y poder generar un espacio para reflexionar sobre eso con gente de todo el país nos resultaba una aventura interesante.
Lamentablemente, empezamos a medir el tiempo de año en año, de encuentro en encuentro: en 2004 nos conocimos con Facundo, en 2005 nos volvimos a ver y nos hicimos amigos, en 2006 nos conocimos con Kevin, en 2007 empezamos a pergeñar este asuntito...
Y acá estamos, ya con el recuerdo del primer éxito, esperando con ganas un nuevo encuentro, sintiendonos parte de una comunidad especial, donde todos compartimos una preocupación clara y una carencia importante: tenemos ganas de que haya espacios para debatir, para jugarnos la vida y la literatura, para comprometernos a la reflexión, para pensar cada parte de nuestro oficio, para hacernos cargo de nuestro lugar como escritores, aunar esfuerzos, compartir experiencias, cagarnos de la risa, leernos, hablar de nosotros mismos, jugárnosla.
Eso es en definitiva nuestro esfuerzo.
La falta de un espacio para el debate en los encuentros también nos inquietaba. Queríamos charlar sobre literatura, poner pausa a la pasarela de lectores y lecturas (necesaria pero agotadora) y sentarnos a pensar un poco en nuestro quehacer, en nuestro mensaje (si es que había un "nuestro mensaje") y sobre todo, poder reflexionar sobre una cuestion clave: nuestro discurso.
Los grandes acontecimientos de nuestra historia reciente (terribles pero importantes) son para nosotros un discurso inevitablemente heredado: El Proceso, Malvinas, los desaparecidos... En este sentido somos hijos de la democracia: nacidos durante la dictadura pero "nacidos" en democracia. Somos hijos del corralito, de la devaluación, de los cacerolazos (ahora recien sumadita, la crisis agraria).
Para bien o para mal somos una nueva generacion, con nuevos discursos para hacer eco, con otras inquietudes, con otros estilos. Y poder generar un espacio para reflexionar sobre eso con gente de todo el país nos resultaba una aventura interesante.
Lamentablemente, empezamos a medir el tiempo de año en año, de encuentro en encuentro: en 2004 nos conocimos con Facundo, en 2005 nos volvimos a ver y nos hicimos amigos, en 2006 nos conocimos con Kevin, en 2007 empezamos a pergeñar este asuntito...
Y acá estamos, ya con el recuerdo del primer éxito, esperando con ganas un nuevo encuentro, sintiendonos parte de una comunidad especial, donde todos compartimos una preocupación clara y una carencia importante: tenemos ganas de que haya espacios para debatir, para jugarnos la vida y la literatura, para comprometernos a la reflexión, para pensar cada parte de nuestro oficio, para hacernos cargo de nuestro lugar como escritores, aunar esfuerzos, compartir experiencias, cagarnos de la risa, leernos, hablar de nosotros mismos, jugárnosla.
Eso es en definitiva nuestro esfuerzo.
Eso somos los Escritores Itinerantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario